viernes, 25 de enero de 2013

Erasmus: Primer semestre

En un principio, estas líneas que ahora escribo sólo iban a formar parte de mis recuerdos personales, pero luego pensé que no era justo para la experiencia que se quedaran sólo en eso, pues significan mucho más.
Como he ido contando a lo largo de otras entradas, he tenido la gran suerte de poder disfrutar de la oportunidad que es una beca Erasmus. El destino, Caen, lo decidí el día de antes, pues fue cuando supe adónde podría ir. Nadie cogió la otra plaza que había disponible, así que me tocó embarcarme en esta aventura (casi) sola.
Digo casi porque pude afortunamente contar con recomendaciones de alguien que fue antes que yo y, sobre todo, porque aquí estoy conociendo a mucha gente que van haciendo que ese adjetivo no tenga mucho sentido. No siempre fue así, desde luego, pero poco a poco han ido entrando algunas personas a mi vida que estos días me está siendo muy difícil despedir.

Estas palabras a mitad de camino va por ellos, por los momentos compartidos en los que hemos enriquecido nuestro conocimiento sobre otras culturas, pero, sobre todo, porque espero que nunca se olviden esos instantes que hacen especial una estancia en el extranjero como es esta.

No es la primera vez que viajaba al extranjero, pero sí aquella en la que más tiempo iba a estar. Aún así, cuando llegué en septiembre, tenía más ilusión que miedo, también gracias a que mi nivel de francés es bastante satisfactorio y podía defenderme para hacer los primeros (y horrorosos y pesados e infinitos) trámites burocráticos.
Así fue como las primeras semanas pasaron volando y me sentía bastante cómoda por estas tierras.
Luego, vino el bajón. Supongo que se sumaron varios factores, como que echar de menos es muy duro, pero sé que si en ese momento me hubieran ofrecido volver a casa, lo hubiera aceptado sin dudarlo un segundo.
Afortunadamente, hubo quien me estuvo apoyando en todos esos días y fue la razón para ser más testaruda y seguir adelante. Al mismo tiempo, tuve la suerte de que esas semanas empecé a dar clases de español a una mujer francesa que es el optimismo personificado, lo que me ayudó muchísimo también.

Después de la tempestad, vino la calma y, con ella, las primeras salidas de esta ciudad en la que me sentía prisionera. Comenzó todo con una ruta entre el Mont Saint-Michel y Saint Malo (ilustrada por la foto de la barra lateral), y luego una escapada a Bélgica antes de los exámenes.
Durante este tiempo encontré a gente con la que pude compartir mis sensaciones y, algo sorprendida, me encontré con un espejo de lo que había sido el comienzo de la experiencia, con altibajos incluidos. También tuve la suerte de empezar a hablar más con los compañeros de clase y de encontrar a más estudiantes de TeI, concretamente, de Córdoba (¡gracias, chicas!).
Poco a poco se iban acercando las navidades y las ganas de volver a casa se acentuaban...

Tras el paréntesis navideño, llegó el momento de volver a la rutina y continuar con los exámenes. Por una parte, deseaba terminarlos, por otra, no. La razón está en que sabía que el fin de estos significaba que la gente que había venido sólo para un semestre tendría que volver, cosa que aún dolía más cuando descubría que una persona se iba a ir y creía que iba a estar todo el año.
Estos días ha llegado ese final y, poco a poco, estoy despidiendo a gente que ojalá reencuentre en mi vida, por difícil que esto sea cuando hay océanos por medio. De repente, los pasillos de la residencia se llenan de ruidos de maletas y de abrazos; se festeja cada último minuto y se invaden las habitaciones de quienes vuelven a sus casas. En esto, mi interior intento de no establecer demasiados lazos afectivos (pues ya me conozco el desenlace), se va a pique y me encuentro escribiendo esto, deseando volver a ver a los que han formado (¡y forman!) parte de esta maravillosa experiencia y animando a todos los que puedan a que vivan una Erasmus.

Porque se vive, desde el primer minuto al último. Y se agradece, a los que te acompañan esos minutos y a los que, desde lejos, siempre estarán a tu lado.

Alemania, México e Italia ya quedan en la lista de lugares que visitar. A cambio, España les recibirá con los brazos abiertos. Brazos con los que os envío un abrazo a los que leéis estas líneas.

Por más años que cumpla, nunca olvidaré el año de mi Erasmus

2 comentarios:

  1. Son cosas que nunca se olvidan y que siempre llevarás dentro. Por suerte, internet facilita mucho mantener el contacto^^

    Que sigas disfrutando tu Erasmus mucho. Bisous!

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    1. ¿Internet para mantener el contacto? ¡Naah! Tonterías que no conocemos, ¿eh? :P
      Bromas aparte, sí, son momentos inolvidables que espero puedan repetirse también fuera de Caen.

      ¡Muchísimas gracias! Bisous ! :)

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