jueves, 19 de diciembre de 2013

Referentes religiosos en el francés actual

Aunque el desastre en el mantenimiento del blog no lo muestre, tengo una especie de Pepito Grillo que se empeña en recordarme cuánto hace que no publico nada y que no estaría nada mal que intentara escribir algo más largo y documentado de lo que caracteriza mis entradas. Por ello, no podía acabar el año sin
a) ¿Un balance de año?
b) ¿Un trabajo reciclado?
c) ¿Contenido creado especialmente para el blog con horas de esfuerzo?
No voy a mentiros, la opción que he elegido ha sido la segunda. Podría excusarme hablando de los numerosos trabajos de una estudiante de último curso, pero también mi cabeza está más hueca que de costumbre.
En este caso, voy a compartir con vosotros mi parte de un trabajo grupal que he presentado hoy mismo y que espero que os guste a los amantes de la fraseología, a los que también os pueden interesar las entradas que hice sobre los colores y los animales domésticos.

La idea de este trabajo me llegó (sí, digo me pese a ser un trabajo grupal, convencí a mis compañeros) en el momento en que recordé la entrada con la que conocí el blog de @alejandroleaz, «Eufemismos del día a día», cuando la aquí firmante estaba aún en primero de grado. Así que, desde aquí, te doy las gracias por esa publicación, por «La sorpresa con referencias religiosas» y por «¡Qué lejos!», todas ellas entradas que me han ayudado muchísimo a la hora de redactar el trabajo que ya paso a compartir.

No me enrollo más con la introducción y os dejo leer el grueso de la entrada, que espero os interese.

La realidad social e histórica de Francia ha producido que pese a algunas intenciones, las expresiones con referentes religiosos sigan vivas.
Delacroix. La libertad guiando al pueblo

Esto es así porque desde la Revolución francesa, el estado muestra una tendencia al laicismo que contrasta con la historia reciente de España, país vecino, por citar un ejemplo. De esta forma y aunque los edificios religiosos siguen siendo muy importantes, prueba de ello es Notre Dame de París, desde el periodo revolucionario y la llegada de la república se tiende a priorizar una sociedad cartesiana, que finalmente se refleja en la lengua (Caron, 1960).

Como ejemplo, en los últimos años, en el país de la baguette y el camembert, ya no se habla de vacaciones de Pascua o de Semana Santa, como lo haríamos nosotros, sino de "vacaciones de primavera" y, de igual manera, se da que muchos de los días festivos poco o nada tienen que ver con la religión. Eso sí, es cierto que no siempre ocurre así y observamos que otro de los periodos vacacionales corresponde a la festividad de Todos los santos, durante la cual los estudiantes tienen varios días festivos. En definitiva, una de cal y una de arena.

Ciñéndonos a la lengua, observamos cómo la época del colonialismo se refleja en la fraseología, no solo en la que concierne a la religiosidad, sino también al resto de campos semánticos. Por ejemplo, hay muchas palabras del francés coloquial que provienen del árabe, ya que hasta mediados del siglo pasado, países como Argelia aún estaban bajo el dominio francés (Mohan-Amer y Benzenine, 2012); dos muestras de ello son toubib, que podría equivaler a nuestro 'matasanos' cuando queremos hablar del médico y una palabra que últimamente está muy presente, kiffer, que es la forma que tienen los francófonos de decir gustar cuando aquí utilizaríamos 'molar'.

Dicho de otra forma, en francés tenemos la confluencia de las expresiones procedentes de la cultura judeocristiana, que se nutre a su vez de la grecolatina y, al mismo tiempo, la lengua recibe influencias de la cultura islámica.

Si lo vemos de forma cronológica, encontramos en primer lugar a los griegos y romanos, siendo estos últimos los que nos dejaron la forma actual de decir los días de la semana, que se deben a sus divinidades y fue una de las razones por las que durante la revolución francesa se adoptó una manera propia de llamar a días y meses, que se abolió al fin de esta. Así, en francés, tenemos lo siguiente:
Por una parte observamos que -di constituye la forma de referirse al día y lun- a nuestro satélite,
la Luna; aquí vemos que en francés, como lengua romance que es, se mantienen las referencias del latín que encontramos también en español. De igual manera, tenemos mardi (día de Marte), mercredi (día de Mercurio), jeudi (día de Júpiter), vendredi (día de Venus), samedi, donde se puede intuir también el judaísmo (Saturnis dies, día de Saturno y sabbat, respectivamente) y en dimanche se introduce el cristianismo, ya que este último día proviene del latín dies dominica, que significa día del señor (Peignot, 1829).

Una vez somos conscientes de que hay rasgos de referencias religiosas en nuestro día a día, aunque se hayan banalizado y desemantizado, podemos preguntarnos hasta dónde llegan las influencias en el francés actual. Para ello vamos a proceder a analizar varios ejemplos, según los tipos, en sus contextos de uso y a compararlos con el español para observar las diferencias.

En primer lugar, por ser lo que más juego da, vemos las expresiones que podemos encontrar en una conversación cotidiana y que nos hacen recrear en nuestras mentes imágenes de lo más curiosas. Para ello tomaremos las expresiones que nos ofrece el libro Petites expressions et comparaisons françaises (Bouchikhi, 2011) y Les expressions idiomatiques (Chollet y Robert, 2008).

Al hablar de religión y expresiones relacionadas, muchas veces la primera tendencia es pensar en Dios, pero ¿qué sucede con el diablo? Está también presente y el polo negativo es tan importante como la cara y la cruz en una moneda o el negro y en blanco en cualquier otra oposición.

Así pues, tomando el diablo como referencia, descubrimos que para expresar que algo está en el quinto pino o donde Cristo perdió el gorro, en francés se recurre a au diable vauvert, expresión cuyo origen no está muy claro.

Sin alejarnos demasiado, podemos enviar a alguien a freír espárragos o al diablo, imagen que se guarda en francés, ya que se dice envoyer quelqu'un au diable.

Las referencias diabólicas no se acaban aquí. Tenemos algunas frases hechas cuya traducción literal nos da aproximadamente las del español; tal es el caso de se faire l'avocat du diable (ser el abogado del diablo), vendre son âme au diable (vender el alma al diablo) o signer un pacte avec le diable (firmar un pacto con el demonio).


No obstante, también hay expresiones que no se traducen con el mismo referente en español, como loger le diable dans sa bourse (literalmente 'meter al diablo en su bolsa'), que equivaldría a nuestro estar sin un duro, sin un clavo, sin un real... y tirer le diable par sa queue ('tirar al diablo de la cola'), que podría compararse a estirar más la manga que el brazo y que significa vivir por encima de sus posibilidades.

Pero, claro, no todo es negro y hay expresiones en las que Dios y el diablo comparten protagonismo, como por ejemplo ne craindre ni Dieu ni diable ('no temer ni a Dios ni al diablo'), que es algo que le podría pasar al protagonista del cuento Juan sin miedo o Historia de uno que hizo un viaje para saber lo que era el miedo (Histoire d'un qui s'en alla pour apprendre la peur según una de sus traducciones al francés).

Una vez Dios introducido, observemos a qué recurren los franceses cuando lo mencionan en sus frases. Según la obra antes citada (Bouchiki, 2011), son más numerosos los usos de diablo y así apenas encontramos donner le bon Dieu sans confession à quelqu'un, que es la expresión que se utiliza cuando hablamos de alguien que se fía de otro muy rápidamente.

Sin embargo, también podemos mencionar a Dios si vamos a blasfemar o estamos muy impresionados. En estos casos, tenemos respectivamente nom de Dieu y par Dieu !, que eufemísticamente se convertirían en rogntudjuu (forma que aparecía en el cómic Gaston Lagaffe) y parbleu. También notamos la presencia creciente del oh, mon Dieu !, que parece debido al inglés Oh, my God! Por no hablar de la expresión que se popularizó en Astérix et Obélix: Par Toutatis !, que hace referencia a una deidad céltica.

Eso sí, si seguimos en el reino de los cielos, no podemos evitar pensar en los ángeles y estos también aparecen en la fraseología francesa. Por ejemplo, hablamos de alguien que tiene une patience d'ange cuando en español diríamos tiene más paciencia que un santo y su aire místico se reproduce en la expresión une ange passe, que al igual que el español ha pasado un ángel, hace referencia al silencio prolongado que se produce súbitamente.

Y teniendo en cuenta que tanto Dios como los ángeles se consideran algo positivo, los franceses también recurren a la comparación con cualquiera de ellos para expresar la belleza de alguien: être beau comme un ange, comme dieu. 

No son dioses ni ángeles, pero los santos, sean o no de nuestra devoción, forman parte del imaginario colectivo y originan frases curiosas. Como ejemplo tenemos ne plus savoir à quel saint se vouer, que se dice cuando ya no se sabe qué hacer porque todas las opciones resultan inútiles.

Volviendo a la cruz de la moneda, tenemos una referencia clásica del mal bíblico, Judas, y hablamos del baiser de Judas (beso de Judas) cuando se habla de traición, aunque también se llama le bran de
Judas a las pecas. Pero no todas las referencias bíblicas son negativas, también se menciona a Adán en cuestiones de desnudez y, así, être en costume d'Adam es lo que se diría de alguien que no lleva nada de ropa; para una mujer, en consecuencia, se recurriría a Eva y obtendríamos être en costume d'Ève.

En la misma línea y continuando con la Biblia, tenemos la expresión être un enfant de Marie ('ser un hijo de María'), que se utiliza para hablar de alguien muy inocente. Y, cómo olvidar que para estar de acuerdo con alguien se puede dire amen ('decir amén').

Por supuesto, no todas las expresiones proceden del cristianismo, partiendo de la idea del sabbat como día consagrado al culto en el judaísmo, tenemos la idea de une anné sabbatique (un año sabático), para hablar de alguien que está un año sin trabajar ni estudiar, un año dedicado etimológicamente a encontrar el camino.

También la tradición grecolatina tiene su protagonismo y la mitología se encuentra en le talon d'Achille (el talón de Aquiles) o punto débil de alguien y en le complexe de Diana (el complejo de Diana) o pérdida de la feminidad.

Después de esto, podemos observar que la fraseología con referencias religiosas del francés es bastante extensa, ya que esto constituye tan solo una aproximación, pero en todo caso, pese a la voluntad laicista, es más que notable el arraigo de las expresiones. Particularmente encontramos expresiones procedentes del cristianismo, por ser esta la religión vigente de forma mayoritaria en territorio francés desde tiempos de los romanos.

Al mismo tiempo, se ha citado en la introducción de esta parte que el vocabulario del árabe también tenía su influencia, pero no se ha querido incluir en la presente investigación, ya que la religión católica arrojaba suficientes resultados. No por ello es una religión menos importante, tan solo se ha evitado en este estudio. En fin, nous n'allons pas réveiller les vieux démons, es decir, que no queremos hurgar en la herida ni avivar el fuego.

Por otra parte, en la tradición francesa son frecuentes también los antropónimos con reminiscencias religiosas, sobre todo los que tienen orígenes bíblicos, aunque a lo largo de los años estos nombres han ido en retroceso, según el estudio realizado por el Insee (Instituto nacional de estadística y de estudios económicos) en la región de la Baja Normandía.

De esta forma, en la primera mitad del siglo pasado, los nombres más puestos eran, para chico, Pierre, Michel, Louis y Jean. Para chicas, por su parte, eran Marie, Simone y Jeanne. En el caso de las chicas, las recién nacidas recibían el nombre de Marie porque así se creía que estarían bajo la protección de la Virgen.

En los años 70, vamos observando una mayor diversificación de los nombres y los 500 nombres que se daban al principio iban avanzando hasta los más de 1300 de la actualidad y, así, los tres nombres de chico más puestos eran Thomas, Maxime y Antoine; y, los de chica, Camille y Lucie.

Hoy en día, en cambio, por diversas razones, hay otros antropónimos que van abriéndose camino, aunque Marie y Paul siguen estando presentes. Así, según el estudio, en el año 2002, los recién nacidos se llamaban mayoritariamente Léa, Manon y Camille cuando se trataba de niñas y, si eran niños, Théo, Lucas y Hugo.

Finalmente, también mencionaremos la tradición de la religión en los topónimos franceses. Como ejemplos están Sainte-Mère-Église, en la Mancha y Cricqueville (kirkia + villa: granja/iglesia y ciudad), en Calvados, ambos en Baja Normandía y la Chaise-Dieu (casa + Dieu), en el Alto Loira.
Aquí el número de localidades en Francia cuyo nombre deriva de la religión.

Bibliografía
  • Bouchikhi, Ahmed (2011). Petit dictionnaire des expressions et comparaisons françaises, Culture & Societé.
  • Caron, Pierre-Henri (1960). L'État contre l'Esprit: laïcisme ou christianisme, Nouvelles Éditions Latines.
  • Chollet, Isabelle y Robert, Jean-Michel (2008). Les expressions idiomatiques, CLE International.
  • Mohan-Amer, Amar y Benzenine, Belkacem (eds) (2012). Le Maghreb et l'indépendence de l'Algérie, Crasc, Irmc et Karthala.
  • Peignot, Gabriel (1829). De l'origine de la semaine, Commission des Antiquités.
  • Bohuon, Marie-Laure y Ménard, Alan (2003) "Léa, Manon, Théo, Lucas et les autres..." en Insee Basse Normandie. Disponible en línea en http://www.insee.fr/fr/insee_regions/basse-normandie/themes/centpourcent/128/CENT128.pdf [Consulta: 10-12-2013]
  • Lejeune, Sylvie (2002). "La religion dans la toponymie" en Actes du Festival International de Géographie. Disponible en línea en http://archives-fig-st-die.cndp.fr/actes/actes_2002/lejeune/article.htm [Consulta: 10-12-2013]

Tras mostraros el objeto de mi investigación, aprovecho la ocasión para felicitaros las fiestas y desearos un muy feliz y próspero 2014. Desde aquí os envío un fuerte abrazo.

1 comentario:

  1. Hay una buena list de recursos aqui http://www.justpublish.es/#!ingles/cihc

    Un saludo,

    Ben

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